Llamada a la oración y ayuno: el trabajo del Espíritu Santo

Hoy, el día 7 de los 40 días de oración, estamos estudiando sobre este tema, para orar con conocimiento. He encontrado una publicación bastante interesante sobre eso: 10 Cosas que debes saber sobre el Espíritu Santo

A parte de este artículo muy completo, quisiera enumerar algunas acciones que debemos considerar al orar:

1.El Espíritu ya está en nosotros:

¿Cómo sabemos que permanecemos en él, y que él permanece en nosotros? Porque nos ha dado de su Espíritu.

1 Juan 4:13

Cuando recibimos a Jesús como nuestro Señor y Salvador, recibimos al Espíritu Santo. Es a través del propio Espíritu Santo que llegamos a arrepentirnos. A esto se refiere el versículo:

32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.

Mateo 12:32

El pecado en contra del Espíritu Santo es no escucharle en Su invitación para arrepentirnos. Eso no será perdonado pues solo hay salvación cuando venimos a Cristo, arrepentidos y pedimos su perdón.

2. El Espíritu Santo trae Su fruto a nuestras vidas:

 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Gálatas 5:22-23

Fijaros que no dice “los frutos”, sino “el fruto”. Es un paquete integral. Cuando es Espíritu Santo está en nosotros, estaremos demostrando cada una de estas calidades. Con esto en mente, al orarnos, si nos damos cuenta que nos falta el amor, o el gozo, u otra parte del fruto, clamemos con confianza. Ya tenemos todo esto en nuestra vida, pidamos por su manifestación.

Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo.

Romanos 15:13

3. El Espíritu Santo nos habla

El Señor quiere guiar nuestros pasos, dirigir nuestra oración, revelarnos Su voluntad, etc. Esto es el papel del Espíritu Santo en nuestras vidas. En eso queda demostrada la gran importancia de vivir despiertas a Su voz. Os dejo algunos versículos que esclarecen este trabajo de Dios en nosotros.

Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu.

Gálatas 5:25

Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor.

Efésios 1:17

Enséñame a hacer tu voluntad,
porque tú eres mi Dios.
Que tu buen Espíritu me guíe
por un terreno sin obstáculos.

Salmos 143:10

Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.

Romanos 8:26

Os dejo también un enlace sobre como Él habla y como debemos escuchar:

Escucha la voz del Espíritu Santo

Que hoy, oigamos y cumplamos la voluntad del Padre. Corrijamos lo que hay que corregir, cambiemos dirección, hagamos Su voluntad.

Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:
    Si oyereis hoy su voz. No endurezcáis vuestros corazones,
Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto,

Hebreos 3:7-8

Quedaros en la paz del Señor.

Mara

Promesa 25: Juan 15:7 (frutos)

Publicación de Nuestro Pan Diario, devocionales diarios que recomendamos:

Cuando eran chicos, el amigo de mi hermano le aseguró a su hermana que un paraguas tenía suficiente capacidad para sostenerla si ella tan solo lo «creía». Entonces, «por fe», ella saltó del techo de un granero… y se desmayó tras una pequeña contusión.

Lo que Dios prometió, lo hará. Pero debemos estar seguros de que estamos afirmados en la palabra verdadera del Señor cuando reclamamos una promesa, ya que, solo entonces, tendremos la certeza de que hará o nos dará lo prometido. La fe no tiene poder en sí misma. Solo es eficaz cuando está basada en una promesa clara e inequívoca de Dios. Todo lo demás son simples deseos.

Este es un buen ejemplo: Dios prometió: «Pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos» (Juan 15:7-8). Estos versículos no prometen que Dios nos concederá todo pedido que le hagamos, sino que responderá a todo anhelo de alcanzar rectitud personal; lo que Pablo denomina «el fruto del Espíritu» (Gálatas 5:22-23). Si tenemos hambre y sed de santidad, y le pedimos a Dios que nos la dé, Él comenzará a satisfacernos. Llevará tiempo, ya que el crecimiento espiritual, como el humano, es gradual. Pero no te rindas. A su tiempo, te «será hecho».

Señor, ayúdame a creer en tu Palabra, permanecer en ti y ver el fruto del Espíritu en mi vida. Quiero vivir para ti y estar disponible para lo que tú tienes para mí.